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La RDC recibe las primeras 16.250 dosis de vacuna contra el ébola

La República Democrática del Congo recibió en la noche del viernes 21 de agosto de 2026 las primeras 16.250 dosis de la vacuna Ervebo, de las 70.000 asignadas por el mecanismo de reservas de Naciones Unidas, para un brote que suma 2.557 muertos y 5.375 casos confirmados. La vacuna está autorizada contra otra especie del virus del ébola, no contra la que circula en el país.

Renato · 22 de agosto de 2026 · internacional

Cinco sanitarios con monos blancos de protección, gafas y mascarilla, uno de ellos con guantes verdes, se ayudan a vestirse dentro de una caseta de lona y chapa con carteles de la OMS en las paredes
Sanitarios se equipan en el centro de tratamiento del ébola de Bunia, en Ituri, construido por la Organización Mundial de la Salud. Es la fotografía con la que la propia OMS ilustra el comunicado del 20 de agosto de 2026 en el que anuncia la asignación de vacunas a la RDC. (Foto: OMS / Grainne Harrington)

Un avión descargó en Kinsasa 16.250 dosis de la vacuna Ervebo en la noche del viernes 21 de agosto de 2026. Son las primeras de las 70.000 que la República Democrática del Congo (RDC) ha logrado sacar de la reserva mundial de vacunas contra el ébola, y llegan con una advertencia incómoda de quien las envía: nadie sabe si funcionan contra el virus que está matando en Ituri.

El ministro de Salud congoleño, Samuel Roger Kamba, recibió el cargamento en el aeropuerto de la capital y recordó ante los periodistas que Ervebo ya se había usado antes en el país, «a muy gran escala» durante el brote de 2018-2020, según Al Jazeera con material de las agencias AFP y AP. Europa Press fecha la recepción el sábado 22.

Una vacuna aprobada para otro ébola

El reparto lo decidió el Grupo Internacional de Coordinación para el Suministro de Vacunas (ICG, por sus siglas en inglés), el mecanismo que gestiona las reservas mundiales de vacunas para emergencias y que forman la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Médicos Sin Fronteras y Unicef, con financiación de la alianza Gavi. El Gobierno de Kinsasa pidió las dosis la semana del 10 de agosto y el lunes 17 el ICG le comunicó la liberación inmediata de 70.000, según el comunicado que la OMS y los Centros Africanos para el Control de Enfermedades (Africa CDC) publicaron el jueves 20 de agosto.

Ahí está el problema. Ervebo es la única vacuna del ébola con licencia, y la tiene contra el ebolavirus Zaire, la especie que causó la epidemia de África occidental de 2014-2016. El brote congoleño de 2026 lo provoca otra especie distinta, el ebolavirus Bundibugyo, para la que no hay vacuna ni tratamiento aprobados. «No se sabe si Ervebo puede proteger contra el virus Bundibugyo en seres humanos», escribe la OMS en su propio comunicado; los datos preliminares de laboratorio y en animales «sugieren que puede aportar cierta protección».

De ahí el reparto de las dosis: 20.000 van a un ensayo clínico de fase 3 —el escalón previo a la autorización, en el que se mide la eficacia real en miles de personas— para averiguar si la vacuna sirve contra el Bundibugyo. Las otras 50.000 se destinan a sanitarios y trabajadores de primera línea, siguiendo la recomendación vigente del grupo asesor de expertos en inmunización de la OMS. La organización subraya que quienes la reciban, dentro o fuera del ensayo, deben ser informados de «los riesgos, los beneficios potenciales y las limitaciones» y poder dar su consentimiento. Los ensayos clínicos disponibles concluyen que los efectos adversos graves de Ervebo son muy raros.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, calificó la liberación de las dosis de «ejemplo importante de solidaridad mundial en acción», según recogió Noticias ONU. Es la mayor asignación de Ervebo que ha recibido el país de una sola vez: entre 2021 y julio de 2026, el ICG le había enviado en total unas 56.000 dosis para responder a brotes de ébola.

2.557 muertos y casi la mitad de los enfermos fallecidos

El parte de situación n.º 98 del Instituto Nacional de Salud Pública congoleño (INSP), con datos cerrados el 20 de agosto, cifra el brote en 5.375 casos confirmados por laboratorio y 2.557 muertos: una letalidad del 47,6 %, es decir, casi uno de cada dos enfermos confirmados muere. En las últimas 24 horas del parte se notificaron 85 casos nuevos, 18 de ellos personas ya fallecidas detectadas en la comunidad, y otras 23 muertes dentro de los centros de tratamiento. Hay 1.167 curados desde el inicio del brote y 737 pacientes aislados.

El virus alcanza ya seis provincias y 56 de sus 151 zonas de salud. Ituri sigue siendo el epicentro con 4.510 casos y 2.009 muertes —el 83,9 % del total—, seguida de Kivu Norte (680 casos y 463 muertes, con una letalidad del 68,1 %), Alto Uele (165 y 75), Tshopo (15 y 8), Kivu Sur (3 y 1) y Bajo Uele (2 y 1). El seguimiento de contactos se situó ese día en el 85,5 %, justo por encima del umbral del 85 % que fija el propio instituto.

Las cifras que difundió Europa Press el sábado —«casi 2.500 muertos y más de 5.200 casos»— se quedan algo por debajo porque proceden de un corte anterior: es el desfase de uno o dos días entre los partes congoleños y los teletipos que esta redacción viene documentando desde finales de julio en una epidemia que suma decenas de muertes diarias.

Cien días de brote y una guerra de por medio

La RDC declaró el brote el 15 de mayo de 2026, el decimoséptimo de su historia. El 17 de mayo la OMS lo elevó a emergencia de salud pública de importancia internacional, su máximo nivel de alerta. El 6 de agosto Tedros pidió intensificar «de forma urgente y masiva» la respuesta porque el virus se propagaba más rápido de lo que crecían los medios para contenerlo, y el 17 de agosto el brote se convirtió en el más mortífero registrado en el país, por encima de los 2.299 fallecidos de la epidemia de 2018-2020.

El obstáculo no es solo vírico. El conflicto del este congoleño —entre el Gobierno y el grupo armado M23, respaldado por Ruanda, y otros muchos grupos— impide a los equipos médicos llegar a zonas enteras, ha forzado el cierre o la destrucción de centros de salud y desplaza a miles de personas, lo que vuelve casi imposible el rastreo de contactos y los entierros seguros, según Noticias ONU. Los propios partes del INSP llevan semanas anotando huelgas de trabajadores sin cobrar, falta de ambulancias y almacenes sin cloro ni mascarillas.

El precio lo pagan también quienes atienden a los enfermos: más de 160 sanitarios se han contagiado y 40 han muerto desde que se declaró el brote, según escribió el jueves 20 de agosto Julien Harneis, coordinador superior de la ONU para el ébola, quien celebró la asignación de vacunas porque «da esperanza a todos los que están en las zonas afectadas y en particular a los trabajadores sanitarios de primera línea».

Fuentes