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El presidente de Colombia eleva a 289 los muertos por el terremoto

Abelardo de la Espriella cifró el lunes 17 de agosto de 2026 en 289 los muertos, 143 los desaparecidos y 4.187 los heridos por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el noroeste de Colombia el 10 de agosto. El propio presidente admitió que el balance es preliminar y esta redacción no ha podido contrastarlo con ningún organismo técnico independiente.

Renato · 18 de agosto de 2026 · internacional

Solar despejado en una calle de Cali con una gran montaña de losas de hormigón amontonadas, resto de un edificio derrumbado. Al fondo, a la izquierda, un inmueble de varias plantas con la fachada abierta y operarios con casco trabajando entre los escombros; a la derecha, árboles, una señal amarilla de paso de peatones y cinta de balizamiento.
Imagen de archivo: escombros de un edificio derrumbado en Cali (Valle del Cauca) el 13 de agosto de 2026, tres días después del terremoto. (Foto: World Central Kitchen, CC BY 4.0)

«La patria está de luto, pero también está de pie, trabajando y rugiendo». Con esa frase resumió el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, el balance que dio el lunes 17 de agosto de 2026 en una alocución ante la prensa: 289 muertos, 143 desaparecidos y 4.187 heridos por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el noroeste del país el 10 de agosto. «Será muy duro lo que viene», advirtió, según recogió Europa Press.

El presidente sumó a esas cifras más de 120.000 familias afectadas —120.328, según su recuento— y 26.945 viviendas destruidas, y situó la huella del seísmo en 450 municipios de 15 departamentos: alrededor de un tercio del territorio colombiano. Él mismo puso el freno: calificó el balance de «preciso y transparente», pero también de preliminar, porque los equipos desplegados en las zonas afectadas siguen verificando datos.

El daño humano se concentra en dos departamentos. En Valle del Cauca, cuya capital es Cali, De la Espriella contabilizó 163 muertos y 2.672 heridos. En Risaralda, 104 muertos, 565 heridos y 61 desaparecidos. En Chocó, el departamento del epicentro, dijo que la afectación es «la más alta» en términos proporcionales aunque el número absoluto de daños sea menor.

Un recuento que no para de moverse

La cifra la da el presidente, no un organismo forense. Y no encaja con la de quien cuenta los cuerpos: el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, el organismo estatal que identifica a los fallecidos, anunció ese mismo lunes que había recibido 304 cadáveres, quince más que los 289 muertos del recuento presidencial, y que ya había identificado a 300 de ellos, según la misma agencia. Una diferencia así suele explicarse por el desfase entre los partes que envían alcaldías y departamentos y las autopsias efectivamente practicadas, pero ninguna de las dos instituciones lo había aclarado al cierre de esta pieza.

El balance oficial lleva una semana subiendo y bajando. El domingo 16 de agosto, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), el organismo colombiano de emergencias, rebajó a 287 los muertos y elevó a 194 los desaparecidos. Un día después, el presidente sube los muertos a 289 y baja los desaparecidos a 143. La Unión Europea publicó el 17 de agosto, en su imagen del día del programa Copernicus —un mapa de daños de Pereira hecho con imágenes de satélite—, esas mismas cifras de 289 muertos y 4.187 heridos, pero atribuyéndolas a «los últimos informes»: es la misma contabilidad colombiana repetida, no una verificación independiente.

Esta redacción no ha encontrado ninguna fuente que confirme el dato al margen del propio Gobierno colombiano. Todas las cifras de esta noticia son suyas.

Rescatistas y una factura de miles de millones

De la Espriella cifró en 138 los rescatistas extranjeros desplegados sobre el terreno: 82 israelíes, 32 ecuatorianos y 24 estadounidenses. «He dado la orden, desde el primer minuto posterior al devastador evento, de que mientras exista una posibilidad de encontrar con vida un solo compatriota, los equipos de búsqueda y rescate sigan en el terreno», afirmó.

El presidente presentó también una primera estimación económica del desastre, encargada a una firma privada que no identificó. Esa consultora modeló las «pérdidas físicas directas» en Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas en cerca de 30 billones de pesos colombianos —un billón es un millón de millones—, de los que 24,5 billones corresponden a edificios y 5,5 billones a infraestructuras. Al cambio oficial colombiano vigente ese día (3.128,65 pesos por dólar, tasa representativa del mercado publicada por la Superintendencia Financiera), esos 30 billones equivalen a unos 9.600 millones de dólares. Europa Press acompaña la cifra de una conversión a euros —8,26 millones— que no se sostiene con ningún tipo de cambio: el orden de magnitud real es de miles de millones de euros, no de millones. También esta estimación es provisional, admitió el presidente: «se irá ajustando en la medida en que tengamos más información».

Para Chocó, el departamento más pobre de los golpeados, De la Espriella pidió «un Plan Marshall para todos, que salde las deudas históricas con uno de los departamentos más olvidados del país», en referencia al programa con el que Estados Unidos financió la reconstrucción de Europa occidental desde 1947.

Qué pasó el 10 de agosto

El seísmo se registró el lunes 10 de agosto de 2026 a las 12:34 UTC (7:34 de la mañana en Colombia), con magnitud 7,4 y epicentro a cinco kilómetros al sur de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), que mantiene el catálogo sísmico de referencia mundial y le asignó alerta roja en su sistema PAGER, el que estima automáticamente víctimas y daños en las horas posteriores a un seísmo.

El terremoto llegó tres días después de que Abelardo de la Espriella tomara posesión como presidente en una ceremonia en Cali. Desde entonces, la ayuda internacional ha ido llegando por goteo: la Comisión Europea anunció 2,1 millones de euros en fondos humanitarios el 12 de agosto y, el 17, coordinó el envío de tiendas de campaña, mantas y filtros de agua de Suecia, Alemania y Luxemburgo.

Fuentes