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Siete muertos y 76 heridos en ataques rusos contra Dnipropetrovsk

Al menos siete personas murieron y 76 resultaron heridas el jueves 10 de septiembre de 2026 en una cadena de ataques rusos contra la región ucraniana de Dnipropetrovsk, según el jefe de la administración militar regional, Oleksandr Ganzha. Cinco de las muertes se produjeron por un ataque con drones contra la zona de comercios del centro de Pavlohrad y las otras dos, en la fábrica de aceite de girasol que la multinacional Bunge tiene en Dnipró.

Renato Davila · 10 de septiembre de 2026 · internacional

Un bombero con casco rojo sostiene una manguera de pie sobre los escombros humeantes de una nave incendiada, entre vigas retorcidas y planchas metálicas caídas.
Imagen de archivo: un bombero remata la extinción en el almacén de una cadena comercial de la región de Dnipropetrovsk arrasado por un ataque ruso el 3 de junio de 2026. No corresponde a los ataques del 10 de septiembre. (Foto: Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania (dsns.gov.ua), CC BY 4.0)

La tarde cayó sobre Pavlohrad con los comercios abiertos. A las 16.25 hora de Kiev —las 13.25 UTC—, según la Fiscalía General de Ucrania, drones rusos alcanzaron el centro de esta ciudad industrial de la región de Dnipropetrovsk, en el sudeste del país. Ardieron tiendas, pabellones comerciales y coches aparcados.

El primer parte del jefe de la Administración Militar Regional de Dnipropetrovsk —la autoridad civil-militar que gobierna las provincias ucranianas bajo la ley marcial vigente desde la invasión rusa de febrero de 2022—, Oleksandr Ganzha, habló de dos muertos y dieciocho heridos. Tres horas más tarde la cifra era otra. A las 17.16 UTC, Ganzha publicó desde el lugar el balance que sigue vigente: «Al atardecer, los drones rusos destruyeron aquí tiendas, pabellones comerciales y automóviles. Parte de una calle del centro está prácticamente destruida. El 90 % de los objetos dañados son comerciales. Por desgracia, han muerto 5 personas. En los hospitales hay ahora 67 heridos, entre ellos 8 niños».

La Fiscalía General abrió una causa penal por el artículo 438 del Código Penal ucraniano, el que castiga los crímenes de guerra. Dos bomberos resultaron heridos mientras trabajaban sobre el terreno y fueron hospitalizados, según el Servicio Estatal de Emergencias.

Dos muertos en la fábrica de aceite de Bunge

Pavlohrad fue el final de una jornada que había empezado doce horas antes en Dnipró, la capital regional. Por la mañana, dos ataques sucesivos golpearon una planta de aceite de girasol. La versión oficial hablaba de «una empresa de la industria alimentaria», y el alcalde de la ciudad, Borís Filátov, salió a corregirla en público, y de paso a reprochar a la comunicación oficial ucraniana que hablase de «empresas destruidas» en abstracto: «Toda la ciudad ve dónde han impactado los jodidos “Bandérol”. Es el mismísimo centro. Toda la ciudad ve que es “Oleina”. Una empresa que ya ha sido bombardeada en repetidas ocasiones. Todo el mundo sabe que es propiedad ESTADOUNIDENSE, que pertenece a la corporación Bunge». «Bandérol» es el nombre del arma rusa que Filátov señala como responsable del impacto: un dron-misil, según la denominación que emplean tanto el alcalde como la agencia estatal Ukrinform. El alcalde añadió que el senador estadounidense Blumenthal había visitado la fábrica en persona hacía poco.

En la fábrica murieron dos personas y otras cinco resultaron heridas, entre ellas una menor, según el recuento que Ganzha dio a mediodía; Europa Press precisa que se trata de una niña de seis años y añade una mujer de 24 hospitalizada en estado «moderado». A las 11.55 UTC, el ministro de Exteriores ucraniano, Andrí Sibiga, llevó el ataque a X: «Esto no es una casualidad, sino parte de la campaña terrorista sistemática de Moscú contra las empresas y los intereses económicos estadounidenses. Llega solo unas semanas después de un ataque contra otra compañía de propiedad estadounidense en la región de Sumi». Ya de noche, el Ejército ruso golpeó Dnipró por tercera vez en el día: ardieron almacenes de alimentos, con las víctimas aún por confirmar.

Qué suma el balance y qué no

El balance regional de siete muertos y 76 heridos lo publicó Europa Press atribuyéndolo a Ganzha. Las siete muertes cuadran: cinco en Pavlohrad y dos en Dnipró. Los heridos, no del todo. El desglose por localidades que ofrece el despacho —67 en Pavlohrad, cinco en Dnipró y «al menos» uno en Nikopol, cerca de Zaporiyia— suma 73; los tres restantes no aparecen atribuidos a ningún municipio, y la agencia cita además ataques sin cifras en Synelnykove y Kamianske.

Hay un segundo matiz. Europa Press sitúa entre los heridos de Pavlohrad «dos menores de cuatro años y otra de once». Ese desglose no aparece en ninguno de los dos mensajes que Ganzha publicó ese día sobre la ciudad: el de las 15.25 UTC menciona «tres niños: chicos de 13, 14 y 15 años» entre más de sesenta heridos, y el de las 17.16 UTC habla de ocho niños sin detallar edades.

Todas las cifras proceden de autoridades ucranianas —una de las partes del conflicto— y ninguna fuente independiente las ha verificado sobre el terreno. Rusia no se ha pronunciado sobre estos ataques.

Un blanco repetido

No es la primera vez que cae sobre Oleina: la planta ya fue atacada en enero de 2026, cuando 300 toneladas de aceite acabaron derramadas en las calles de Dnipró, según Ukrinform. Los ataques del 10 de septiembre llegan dos días después de que expirara la pausa de tres días pactada durante la visita de los enviados de Donald Trump y un día después del ataque con drones contra un centro comercial de Sumi, que dejó tres muertos y catorce heridos. El 1 de septiembre, una oleada de drones y misiles había matado a doce personas en Kiev y otras ocho provincias.

El administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Alexander De Croo, que visitaba Ucrania esos días, respondió a una pregunta de Ukrinform sobre el daño al negocio extranjero en el país diciendo que no maneja un registro centralizado de objetivos civiles alcanzados, pero sí una regla: «Los ataques contra infraestructura civil nunca pueden ser un objetivo legítimo. Contradicen el derecho internacional humanitario».