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Guatemala da por terminada la erupción del volcán de Fuego tras 50 horas

El Insivumeh, el instituto de vulcanología de Guatemala, declaró el 5 de agosto de 2026 el fin de la erupción del volcán de Fuego, que duró 50 horas y llevó a evacuar a 1.696 personas de 18 comunidades. El organismo mantiene el aviso por lahares —riadas de lodo volcánico— en las barrancas Seca y Ceniza.

Renato · 6 de agosto de 2026 · internacional

Silueta del cono del volcán de Fuego de noche, con una fuente de lava incandescente saliendo del cráter y material ardiente rodando por la ladera derecha
Imagen de archivo: el volcán de Fuego, en Guatemala, en una explosión nocturna del 26 de noviembre de 2025. (Foto: Bex Walton, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons)

El volcán de Fuego dejó de erupcionar a media mañana del miércoles 5 de agosto de 2026, exactamente 50 horas después de empezar. Lo certificó ese mismo día, a las 13.00 hora local (19.00 UTC), el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) —el organismo que vigila los volcanes guatemaltecos— en su boletín especial BEFGO-066-2026: «Tras acumular 50 horas desde su inicio, el 3 de agosto a las 08:30 horas, la erupción ha finalizado».

En ese medio centenar de horas el volcán descargó, según el boletín, «un amplio conjunto de productos volcánicos». Los que más daño hicieron fueron las corrientes de densidad piroclástica —avalanchas de gas, ceniza y rocas a alta temperatura que bajan por la ladera a gran velocidad— y la caída de ceniza. Las barrancas que acumularon más material son la Seca, en el flanco oeste, y la Ceniza, en el suroeste. Las comunidades más castigadas por la ceniza están en la zona de San Pedro Yepocapa, en el departamento de Chimaltenango.

El propio cráter salió cambiado: el Insivumeh describe «procesos de erosión drásticos» que han modificado su morfología.

La amenaza no se ha ido con la erupción

El instituto advierte de que el fin de la erupción no cierra la emergencia. Deja tres amenazas activas. La primera y mayor son los lahares: cuando la lluvia empapa el material recién depositado, la mezcla de agua, ceniza, piedras y troncos baja por las barrancas como una riada de hormigón. Con el volumen acumulado en la Seca y la Ceniza, el boletín avisa de que esos flujos «podrían ser de características fuertes» y cortar los pasos de vehículos y de peatones de las comunidades vecinas.

Las otras dos son la removilización de la ceniza fina depositada en tejados, patios y campos, que el viento puede volver a levantar durante horas o días, y la dispersión de ceniza de la actividad ordinaria del volcán. Porque «normal», en el Fuego, significa entre cuatro y seis explosiones por hora, chorros incandescentes de 100 a 200 metros sobre el cráter y columnas de gas y ceniza que llegan a 4.800 metros sobre el nivel del mar. El Insivumeh espera que ese régimen continúe «los siguientes días o semanas».

De ahí sus recomendaciones: que la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) haga llegar el aviso a las comunidades situadas en un radio de 10 kilómetros, y que la Dirección General de Aeronáutica Civil mantenga precauciones con el tráfico aéreo hasta 50 kilómetros al oeste y noroeste del volcán por debajo de los 5.000 metros.

1.696 evacuados que ya han vuelto a casa

La Conred cifró en 1.696 las personas de 18 comunidades que fueron evacuadas y alojadas en albergues, y en 29.061 los habitantes afectados en los departamentos de Chimaltenango, Escuintla y Sacatepéquez, según los datos que publicó el diario guatemalteco Prensa Libre. La Conred había declarado antes alerta naranja —la segunda más alta— y ordenado los primeros desalojos, según recogió Europa Press.

El mismo miércoles 5, levantada la alerta roja, cientos de familias emprendieron el regreso. Prensa Libre relató desde el terreno cómo los albergues de San Juan Alotenango se vaciaron a partir de las ocho de la mañana y cómo tres de los cuatro de Escuintla quedaron sin gente horas después; solo siguió abierto el de Santa Lucía Cotzumalguapa, con vecinos de Panimaché y Morelia. Muchos volvieron por su cuenta, cruzando barrancas cubiertas de material volcánico, con la preocupación puesta en los tejados: la capa de ceniza acumulada amenaza con corroer las láminas en cuanto llueva.

Ni el boletín del Insivumeh ni los balances de la Conred difundidos hasta el 6 de agosto de 2026 recogen víctimas mortales ni heridos por esta erupción.

Un volcán que lleva erupcionando desde 2002

El de Fuego es uno de los tres grandes estratovolcanes que dominan la ciudad de Antigua Guatemala y no ha parado de erupcionar desde enero de 2002, según el Programa Global de Vulcanismo del Instituto Smithsonian, que documenta erupciones observadas desde 1531. Su actividad habitual combina caída de ceniza, flujos piroclásticos, coladas de lava y lahares.

Guatemala está en el Cinturón de Fuego del Pacífico, la franja de unos 40.000 kilómetros que rodea ese océano y que concentra el 75% de la actividad volcánica del planeta y el 90% de los terremotos, según los datos que recoge Europa Press. La misma agencia sitúa el balance de episodios anteriores del Fuego: unas 500 personas evacuadas en 2025, 1.200 desplazadas en 2023 y, en la erupción del 3 de junio de 2018, 215 muertos y un número similar de desaparecidos.

La vigilancia instrumental —sismómetros, sensores de infrasonido, cámaras web e imágenes de satélite, en el caso del Insivumeh— es la misma herramienta con la que en España se siguen episodios como el enjambre sísmico bajo Las Cañadas del Teide de julio de 2026. Sirve para lo mismo: decidir cuándo hay que sacar a la gente de sus casas y cuándo puede volver.

Fuentes

De las fuentes vigiladas por este medio solo Europa Press cubre el suceso; los hechos centrales se han contrastado contra el documento original del Insivumeh y contra la cobertura sobre el terreno de Prensa Libre, que no figura en esa lista.