Concentrarse por Ceuta, no repartírsela
El miércoles 2 de septiembre, Día de Ceuta, media España se concentrará ante sus ayuntamientos. El derecho a hacerlo no está en discusión y la ciudad merece cada una de esas plazas llenas. Lo que sí está en discusión es quién se ha quedado con el «todos»: una convocatoria que se dice institucional sin pasar por su institución, un lema de invasión cuyo coste ya está medido y una izquierda que responde ausentándose. Actualidad Libre pide que el miércoles sirva a Ceuta y no a quienes la invocan.
Empecemos por lo que no hace falta discutir. Que miles de personas salgan el miércoles 2 de septiembre a la puerta de su ayuntamiento porque una ciudad española lleva un mes desbordada es una buena noticia, no un problema. Ceuta ha pasado el peor verano de su historia reciente y ha visto cómo el resto del país la miraba como quien mira un telediario. Que más de 260 municipios se hayan sumado dice algo decente de este país. Ojalá las plazas se llenen.
La pregunta no es si hay que concentrarse. Es de quién va a ser el miércoles.
Un «todos» que no se le preguntó a nadie
Una convocatoria que se presenta como la voz de los 8.132 ayuntamientos españoles tiene una obligación elemental: pasar por los órganos donde están representados esos ayuntamientos. No se hizo. La presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias la anunció en Ceuta y, cuando le preguntaron por la falta de consenso, contestó que le «pareció innecesario levantar el teléfono». Todos los grupos de la FEMP salvo el suyo han denunciado que se decidió sin acuerdo de los órganos de gobierno.
Esa frase —«innecesario levantar el teléfono»— es el problema entero en seis palabras. Cuando alguien habla en nombre de todos sin preguntar a nadie, no está construyendo unanimidad: está administrándola. Y quien la administra decide también qué significa. Por eso el argumento de que «no es una cuestión política» se cae solo: la manera de convocar ya fue una decisión política, y de las gruesas.
Se puede convocar así. Lo que no se puede es convocar así y además exigir que nadie lo note.
El marco que dice apartarse
La misma persona que pide «apartar las políticas y las ideologías» describió, en esa misma comparecencia, a las personas que llegaron a Ceuta como quienes «han invadido ilegalmente» la ciudad. Y a las 20.00 de ese miércoles, en esas mismas plazas, Vox llama a concentrarse bajo el lema «No a la invasión».
Conviene decir qué cuesta esa palabra, porque no es una opinión: está contada. Los días 30 y 31 de julio, el sistema FARO del Gobierno detectó 9.590 mensajes de odio en redes en cuarenta y ocho horas; julio cerró con 57.406, frente a 40.800 en junio, y el 68% apuntaba a personas del norte de África. Un 40% de lo analizado deshumanizaba o degradaba gravemente a su objetivo. Eso no lo dice una ONG: lo publica el observatorio del propio Estado.
Quien convoca no responde de lo que grite cada asistente. Pero sí responde de la palabra que elige, y quien elige «invasión» sabe perfectamente en qué altavoz encaja. No se puede decir «esto no es contra nadie» y a la vez prestar el vocabulario de quienes tienen muy claro contra quién es.
Descolgarse también tiene un precio
Y luego está la respuesta de la izquierda, que tampoco sale bien parada. Izquierda Unida ha pedido a sus alcaldes que no acudan a lo que llama «las concentraciones del PP»; direcciones socialistas se desmarcan de unas «manifestaciones partidistas». Se entiende el recelo, y está fundado. Pero conviene mirar lo que hacen al nombrarlas así: conceden exactamente lo que denuncian. Si la plaza es del PP, es del PP, y el que se queda en casa firma la escritura.
Había otra opción, y era más difícil y mejor: ir. Ir con la bandera de Ceuta y sin la de nadie más, y disputar allí mismo el significado del acto. Cuando una ciudad española lo está pasando mal, ausentarse tiene que costar mucho más que asistir. Convertir la solidaridad en un test de pureza es la otra cara de la misma moneda: unos se apropian del «todos» y otros lo abandonan, y en las dos operaciones Ceuta es el decorado.
Que circulen bulos atribuyendo respaldos falsos a unos y a otros no es un efecto colateral de esto. Es la consecuencia previsible de haber convertido una concentración de apoyo en un test de bando.
Lo que de verdad le sirve a Ceuta
Nada de esto es un argumento para quedarse en casa. Es un argumento para quitarle el miércoles a los que ya lo han convertido en su acto.
A Ceuta le sirve lo mismo que pedíamos el 1 de agosto y sigue sin llegar: un recuento público y verificable de los muertos en la frontera —67 en un solo episodio y aún sin balance oficial cerrado del año—, protección efectiva de los menores que hoy están bajo responsabilidad de España, una relación con Marruecos que no se escriba en los espigones y un reparto de la acogida que no dependa de qué partido gobierne cada comunidad. Ninguna de esas cuatro cosas se resuelve gritando en una plaza, pero todas se pueden exigir desde ella.
El miércoles habrá dos concentraciones en el mismo sitio y a la misma hora: la que acompaña a Ceuta y la que se sirve de Ceuta. Se distinguirán fácil, porque se distinguen por lo que pidan. Si en su plaza se pide el retorno de la «invasión», usted está en la segunda, la haya convocado quien la haya convocado. Si se pide que este país deje de contar sus muertos a ojo, está en la primera.
Vayan. Y elijan bien qué se corea.