El banco central ruso baja los tipos al 14% y prevé más inflación
El Banco de Rusia recortó el 24 de julio de 2026 su tipo de referencia en 25 puntos básicos, hasta el 14%, décima bajada consecutiva desde el 21% que mantuvo hasta junio de 2025. En el mismo movimiento elevó su previsión de inflación para 2026 al 6%-7% por el encarecimiento de los combustibles y rebajó la de crecimiento al 0%-1%.
El Banco Central de Rusia bajó el viernes 24 de julio de 2026 su tipo de interés de referencia en 25 puntos básicos —un punto básico es una centésima de punto porcentual— hasta el 14%. Es el décimo recorte consecutivo desde el 21% en el que el precio oficial del dinero estuvo anclado hasta junio de 2025, y deja el tipo en su nivel más bajo desde octubre de 2023, según la serie histórica del propio banco. La nueva tasa entra en vigor el lunes 27 de julio: hasta esa fecha sigue rigiendo el 14,25% que la entidad fijó el 22 de junio.
La decisión consta en el comunicado del Banco de Rusia y la difundió en español Europa Press.
El gesto es de manual —bajar tipos abarata el crédito y estimula la economía—, pero llega envuelto en un diagnóstico incómodo. La entidad que dirige Elvira Nabiúllina empeoró en el mismo movimiento sus dos previsiones centrales: más inflación y menos crecimiento de lo que calculaba en abril.
La gasolina rompe el guion
El banco central espera ahora una inflación del 6%-7% al cierre de 2026. En su comunicado del 24 de abril proyectaba un 4,5%-5,5%. La causa que señala es el encarecimiento de los combustibles. «El aumento de los precios se aceleró en junio, debido principalmente a la situación del mercado de combustibles, así como al incremento de los precios de las frutas y verduras tras su fuerte caída en primavera», explicó Nabiúllina en su comparecencia posterior a la reunión —las citas siguen la traducción de Europa Press del original inglés.
El problema es que la gasolina se cuela en todo: pesa en la cesta de la compra de los hogares y en los costes de las empresas, de modo que su subida se traslada a una gama amplia de bienes y servicios. Eso ha alimentado, según la gobernadora, «un fuerte aumento de las expectativas de inflación en julio». Cuando hogares y empresas dan por hecho que los precios seguirán subiendo, ajustan salarios y tarifas en consecuencia y la inflación se vuelve pegajosa.
El banco sostiene que el episodio es transitorio: sus medidas de inflación subyacente —la que descuenta los componentes más volátiles— siguen en el 4%-5%, y la inflación anual estaba en el 5,9% el 20 de julio. Su cuadro de previsiones mantiene el retorno al objetivo del 4% en 2027. Son estimaciones propias del emisor, no datos observados.
Menos crecimiento del previsto
La previsión de crecimiento del producto interior bruto para 2026 pasa del 0,5%-1,5% de abril al 0%-1%. El banco lo atribuye a la «contracción temporal de la capacidad productiva» en ciertos sectores y al desplome de las expectativas empresariales sobre demanda y producción futuras. En su escenario base, las empresas recuperan esa capacidad antes de que acabe el año; las previsiones para 2027 y 2028 quedan sin tocar, en el 1,5%-2,5%.
Queda poco recorrido para más recortes
El propio banco enfría las expectativas de quien espere una cascada de bajadas. Su escenario base sitúa el tipo medio de 2026 en el 14,5%-14,6%, y precisa que entre el 27 de julio y el 31 de diciembre el promedio se moverá entre el 13,7% y el 14%. Traducido: con el tipo ya en el 14%, apenas hay margen para otro recorte antes de fin de año. Para 2027 el rango previsto es del 10,5%-12,5%, frente al 8%-10% que proyectaba en abril: el dinero seguirá caro más tiempo del que el banco creía hace tres meses.
El presupuesto de octubre, la incógnita
La institución advierte de que los riesgos proinflacionarios siguen predominando a medio plazo y apunta a un factor que no controla: el gasto público. Los parámetros fiscales, dice, se concretarán en su previsión de octubre, después de que el Gobierno remita a la Duma Estatal sus nuevas proyecciones presupuestarias. Si esas cuentas contemplan un déficit primario estructural mayor —el desfase entre ingresos y gastos corrientes, descontados intereses y factores cíclicos—, podría ser necesaria «una política monetaria más restrictiva que la prevista en el escenario base actual». Es decir: si el Kremlin gasta más, el banco central podría verse obligado a volver a subir los tipos.
La próxima reunión del consejo de dirección está fijada para el 11 de septiembre de 2026.
Contraste con la eurozona
El movimiento ruso contrasta con el del Banco Central Europeo, que el 23 de julio mantuvo sus tipos sin cambios, con la facilidad de depósito en el 2,25%. El punto de partida, eso sí, es otro: el 14% ruso sigue siendo un tipo de guerra, más de seis veces la facilidad de depósito con la que el BCE marca el rumbo del crédito en la zona euro.
Fuentes y verificación
Esta noticia se apoya en una sola fuente informativa de confianza alta (Europa Press), lo que bajo la política editorial de Actualidad Libre exige revisión del editor. Todas las cifras se han contrastado con los documentos primarios del Banco de Rusia —comunicado del 24 de julio, comparecencia de Elvira Nabiúllina, cuadro de previsiones a medio plazo, comunicado del 24 de abril y base de datos del tipo de referencia—, enlazados en el texto. El banco central es fuente-sujeto de su propia decisión; sus cifras de inflación y crecimiento para 2026 y años siguientes son previsiones suyas y se atribuyen como tales.