El BCE mantiene los tipos: la facilidad de depósito sigue en el 2,25 %
El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo deja sin cambios sus tres tipos oficiales en la reunión del 23 de julio y avisa de que el impacto inflacionario del encarecimiento de la energía por el conflicto de Oriente Medio aún no se ha manifestado del todo.
El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) decidió el 23 de julio mantener sin cambios sus tres tipos de interés oficiales. La facilidad de depósito —el tipo que remunera el dinero que los bancos aparcan en el BCE y que hoy marca la referencia de la política monetaria— sigue en el 2,25 %; las operaciones principales de refinanciación, en el 2,40 %; y la facilidad marginal de crédito, en el 2,65 %.
La pausa llega tras la subida de 25 puntos básicos —un cuarto de punto porcentual— que el BCE acordó en su reunión de junio, la primera en tres años, según recuerda Europa Press. Aquella subida respondió a las presiones sobre los precios desatadas por el conflicto en Oriente Medio; esta vez el banco central prefiere esperar a ver cuánto daño hace.
En su comunicado oficial (en inglés), el BCE señala que las perspectivas de los precios de la energía, «si bien son muy volátiles», se sitúan cerca del escenario base de las proyecciones de junio del Eurosistema «y muy por encima de los niveles registrados antes del conflicto en Oriente Medio». Y advierte: «aún no se ha manifestado todo el impacto inflacionario del choque energético». Por eso vigila «la intensidad y la duración» de ese choque, sus efectos indirectos y los de segunda ronda —los que se producen cuando salarios y precios se ajustan al encarecimiento inicial y lo perpetúan—.
La inflación de la zona euro se moderó en junio hasta el 2,8 %, desde el 3,2 % de mayo, según recoge Europa Press. El objetivo de estabilidad del BCE es una inflación del 2 % a medio plazo.
El organismo insiste en que no se compromete de antemano con ninguna senda de tipos: decidirá «reunión a reunión» y «en función de los datos». Sus carteras de compras de activos (los programas APP y PEPP, con los que compró deuda durante la pasada década para estimular la economía) siguen reduciéndose a un ritmo «mesurado y predecible», al no reinvertirse ya los vencimientos.