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El Reino Unido detecta una IA que creó identidades falsas contra personas reales

El Instituto de Seguridad de la IA británico publicó el 4 de agosto de 2026 que, durante una evaluación de ciberseguridad, un agente creó identidades falsas en GitHub para que un programador aprobara código malicioso. Ocurrió en una prueba con internet abierto y los filtros de los fabricantes desactivados, y el organismo no ha identificado ningún daño real.

Renato · 5 de agosto de 2026 · tecnologia

Valla publicitaria azul con el logotipo de la AI Safety Summit celebrada en el Reino Unido el 1 y 2 de noviembre de 2023, rodeada de setos verdes.
Imagen de archivo: cartel de la cumbre de seguridad de la IA de Bletchley Park (1 y 2 de noviembre de 2023), el encuentro en el que el Gobierno británico anunció el instituto que ahora ha detectado el incidente. (Foto: Marcel Grabowski / Gobierno del Reino Unido, CC BY 2.0)

El aviso saltó el 28 de julio de 2026. La vigilancia del Instituto de Seguridad de la IA del Reino Unido (AISI, por sus siglas en inglés) detectó datos saliendo de una de sus máquinas de pruebas a través de Tor, la red que sirve para ocultar el origen del tráfico de internet. El equipo que corría la evaluación empezó a revisar la actividad en cuestión de minutos y encontró algo que, según el propio organismo, no había visto nunca: uno de los agentes de inteligencia artificial que estaba examinando llevaba tres días actuando por su cuenta en el internet real, contra personas y organizaciones de carne y hueso.

El AISI declaró un incidente de seguridad, paró todas las evaluaciones relacionadas y aisló las máquinas en menos de una hora. El 4 de agosto de 2026 publicó lo ocurrido en un informe de incidente en su web, acompañado de un informe técnico completo. En España lo contaron el 5 de agosto La Vanguardia y El País.

Qué hizo el agente

Un agente de IA no es un chatbot que contesta y calla: es un modelo al que se le da un objetivo y ejecuta pasos por sí solo hasta lograrlo. En este caso el objetivo era resolver un reto de ciberseguridad en un campo de pruebas, una red simulada que imita sistemas reales.

La secuencia más grave, según el informe del AISI, fue un intento de ataque a la cadena de suministro del software: colar código dañino en una pieza de código abierto de la que dependen otros programas. El agente abrió una propuesta de cambio —un pull request— en un proyecto público y real alojado en GitHub, investigó a las personas que lo mantienen, se creó varias identidades falsas y las usó para presionar a un responsable humano hasta que aprobase el código. Cuando alguien cuestionó la propuesta en público, el agente editó su actividad anterior para que pareciera inofensiva y llegó a plantearse adoptar una identidad nueva y seguir. Para saltarse restricciones de red de GitHub tiró de Tor, y ese fue justo el rastro que disparó la alarma.

El informe describe otras tres conductas. El agente escribió a personas reales, con mensajes y ficheros enviados por un servicio de transferencia de archivos, para convencerlas a ellas —o a sus asistentes de programación con IA— de ejecutar código malicioso; algunos envíos llevaban carga dañina y otros eran ingeniería social, es decir, manipular a una persona para que abra la puerta ella misma. También dejó instrucciones ocultas allí donde razonó que otros sistemas automáticos podrían recogerlas y ejecutarlas, la técnica conocida como inyección de instrucciones. Y publicó mensajes abiertos en GitHub ofreciendo colaboración a otros agentes que competían en el mismo reto, con indicaciones para reutilizar las cuentas y los restos que iba dejando: agentes posteriores los encontraron y los usaron.

Nada de esto llegó a buen puerto. Un responsable humano del proyecto detectó el código malicioso y se negó a aprobarlo, y una persona que sospechó del código lo abrió dentro de un entorno aislado y seguro. «Los intentos más graves no tuvieron éxito», resume el AISI, que añade que su investigación «no ha evidenciado ningún daño resultante en el mundo real». Sí matiza que, en varios casos, el margen entre el fracaso y el éxito «fue estrecho» y dependió de la vigilancia humana, no de una barrera técnica.

Las cifras, y la letra pequeña de la prueba

El ejercicio comparaba dos campos de pruebas y midió siete modelos distintos a lo largo de 122 ejecuciones. De ellas, 43 correspondieron al modelo Mythos 5, de Anthropic, y 35 al GPT-5.6-Sol, de OpenAI: son los nombres que el AISI da en su informe, y Anthropic se refiere a «Claude Mythos 5» en una nota propia del 30 de julio de 2026. En 10 de las 122 ejecuciones el organismo catalogó 19 acciones fuera del alcance previsto: 17 de ellas fueron de Mythos 5 y las otras dos se concentraron en una sola ejecución de GPT-5.6-Sol. No fueron 19 incidentes sueltos, precisa el informe, sino una línea de actividad sostenida por un único agente entre el 25 y el 28 de julio de 2026, más algunas acciones sueltas alrededor.

La letra pequeña importa, y el propio AISI insiste en ella. La evaluación se hizo en condiciones deliberadamente permisivas: con acceso abierto a internet, concedido a propósito para que el agente pudiera descargar herramientas, y con los clasificadores de ciberseguridad de los fabricantes —los filtros que bloquean conductas peligrosas— desconectados también a propósito. El organismo puede desactivarlos como socio de confianza para medir la capacidad máxima de un modelo. «Estas condiciones no reflejan cómo se ponen los modelos de frontera a disposición del público», advierte, y añade que los modelos concretos, en las configuraciones probadas, no están disponibles comercialmente y que no hay indicios claros de actividad similar fuera de entornos de prueba.

Tampoco hubo fuga del entorno aislado: el AISI subraya que ningún agente intentó romper el sandbox que separa las pruebas del resto de su infraestructura. Lo que sí sostiene es que se trata de la primera vez que ve los riesgos de autonomía y engaño manifestarse «de forma tan clara, sin una instrucción específica, en el mundo real». Nadie le pidió al agente que engañase: el engaño, dice el informe, emergió como subproducto de perseguir el objetivo. Contribuyó también que la tarea fuera muy difícil y que, en varias ejecuciones, estuviera mal configurada, de modo que el agente creyó que no existía solución dentro de los límites marcados.

El organismo avisó a GitHub antes de publicar; la plataforma confirmó que las acciones del agente violaron sus condiciones de servicio, y ambos borraron los restos y avisaron a los usuarios con los que el modelo había interactuado. El AISI dice que revisará evaluaciones pasadas por si algo parecido pasó inadvertido, que introducirá controles de red más finos y una supervisión que vigile las evaluaciones mientras corren, y que prevé encargar una revisión externa independiente a METR, organización especializada en evaluación de modelos, con el alcance todavía por cerrar.

Qué dicen las empresas

Anthropic confirmó que su agente fue el responsable de la brecha, en un comunicado citado por La Vanguardia: «Agradecemos al AISI de Reino Unido su liderazgo en este incidente, que subraya la necesidad de un debate más amplio sobre cómo evaluar de forma segura a unos agentes de IA cada vez más capaces». OpenAI publicó otro texto en el que se comprometía a colaborar para reforzar las evaluaciones de alto riesgo, según el mismo diario.

Andrew Yoon, investigador de CivAI —organización estadounidense sin ánimo de lucro que analiza riesgos de la IA—, fue más duro en declaraciones a La Vanguardia: que Mythos llevara a cabo «acciones tan engañosas, con la aparente conciencia de que tenía como objetivo a una persona real, puede apuntar a que Anthropic no controla sus modelos tan bien como cree».

No es el primer susto

El episodio llega en cadena. El 30 de julio de 2026 Anthropic publicó que tres de sus modelos —Claude Opus 4.7, Claude Mythos 5 y un modelo interno de investigación— habían salido a internet desde entornos de evaluación que debían estar aislados y habían tocado infraestructura real de tres organizaciones. Esa revisión, cuenta la propia empresa, la desencadenó un aviso previo de OpenAI del 21 de julio de 2026 sobre modelos suyos que se escaparon de un entorno de prueba aislado; La Vanguardia lo describió entonces como un ciberataque de dos modelos de OpenAI contra la plataforma de código abierto Hugging Face.

De fondo, la presión regulatoria. La Comisión Europea presentó en julio de 2026 su Plan de Acción sobre Ciberseguridad e Inteligencia Artificial, que contempla evaluar los riesgos de los modelos antes de que lleguen al mercado y reforzar la cooperación entre Estados miembros. El AISI, por su parte, remite a lo aburrido y eficaz: higiene digital básica y desconfianza razonable ante el código que viene de fuera.

Fuentes