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Islandia cierra las urnas del referéndum sobre la UE con el recuento igualado

Los colegios electorales de Reikiavik cerraron a las 22.00 hora local del sábado 29 de agosto de 2026 —00.00 del domingo en la España peninsular— tras la consulta sobre si Islandia debe reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea. Con algo más de la mitad del voto escrutado, el «no» aventajaba al «sí» por unos 400 papeletas, según Europa Press.

Renato Davila · 30 de agosto de 2026 · internacional

Dos mujeres hablan en atriles de metacrilato ante una cortina gris; entre ellas, la bandera de la Unión Europea y la de Islandia. La de la izquierda gesticula mientras habla; la de la derecha la escucha girada hacia ella.
Imagen de archivo: la primera ministra islandesa, Kristrún Frostadóttir (derecha), y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante la visita de esta a Islandia el 17 de julio de 2025. (Foto: Dati Bendo / Unión Europea, Servicio Audiovisual de la Comisión Europea, CC BY 4.0)

Islandia terminó de votar. Los colegios electorales de Reikiavik cerraron a las 22.00 hora local del sábado 29 de agosto de 2026 —las 22.00 UTC, 00.00 del domingo en la España peninsular— y unas horas antes en el resto del país, al cabo de una jornada de doce horas de votación, según Europa Press y El País. En la papeleta había una sola pregunta, con dos casillas: «¿Debe Islandia reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea?», sí o no, según la web oficial de la junta electoral islandesa (landskjörstjórn).

El escrutinio llegó igualado hasta la madrugada. Con el 56,18% del voto contado, el «no» sumaba el 50,1% y aventajaba al «sí» en algo más de 400 papeletas, informó Europa Press a las 05.47 CEST del domingo (03.47 UTC). Son datos provisionales: faltaban por escrutar cuatro circunscripciones en las que las encuestas anticipaban un rechazo claro a la integración europea, y la agencia situaba el final del recuento en la mañana del domingo 30 de agosto.

La participación empezó fuerte y se desinfló. Los primeros datos apuntaban a una asistencia similar a la de unas elecciones legislativas y los últimos la dejaron más cerca de la de unos comicios locales, precisa Europa Press: en la Circunscripción Sur de Reikiavik, a las 19.00 hora local votaba el 57,4% del censo, cinco puntos menos que a esa misma hora en las últimas legislativas. Solo podían votar los ciudadanos islandeses mayores de 18 años empadronados en el país —y, con límites de tiempo, los emigrados—, no los residentes extranjeros; el voto anticipado se abrió el 27 de julio, según la junta electoral.

Ni la entrada en la UE ni una decisión firme

Lo que estaba en juego no era el ingreso en la Unión Europea, sino volver a la mesa de negociación. Si gana el sí, Islandia reabre las conversaciones para pactar un tratado de adhesión; el Gobierno se ha comprometido a someter ese tratado a un segundo referéndum, y la entrada exigiría además reformar la Constitución islandesa, algo que en Islandia requiere el visto bueno de dos parlamentos consecutivos con elecciones de por medio. Si gana el no, no hay negociación, aunque nada impide abrirla en el futuro. Y el resultado, en cualquier caso, es consultivo: la ley electoral islandesa (nº 112/2021) no obliga al Gobierno a acatarlo, según explica la propia junta electoral, que añade que el Ejecutivo ha anunciado que lo hará.

El expediente europeo de Islandia lleva 13 años parado. El país pidió el ingreso en 2009, meses después de que la crisis financiera global hundiera su sistema bancario; las conversaciones arrancaron en 2010 y quedaron aparcadas en 2013, con la llegada al poder de un Gobierno euroescéptico y con la pesca y la agricultura sin negociar a fondo. La vía europea volvió a abrirse a finales de 2024 con el Ejecutivo de centroizquierda de la socialdemócrata Kristrún Frostadóttir, que anunció un referéndum para 2027 y lo adelantó el pasado marzo, tras las amenazas de Donald Trump de anexionarse Groenlandia. «No es ningún secreto que la situación ha cambiado enormemente durante el último año y medio», argumentó entonces la primera ministra, en declaraciones recogidas por El País.

La pesca, otra vez

La campaña, sin embargo, ha girado sobre el bolsillo y sobre los caladeros. El peso real de la pesca en la economía islandesa es objeto de discrepancia entre las propias fuentes: El País lo cifra en torno al 7% del producto interior bruto y en más de un tercio de las exportaciones, mientras Europa Press habla de «un 40% de la economía» sin desglosar la base de cálculo. Lo que nadie discute es su carga simbólica: en un país independiente de Dinamarca desde 1944, la idea de que Bruselas decida sobre los bancos de pesca moviliza al electorado rural.

El Gobierno de Frostadóttir ha repetido que la pesca sería una línea roja en la negociación, y en Bruselas le han dado cuerda: el comisario de Pesca, Costas Kadis, dijo en primavera que «sin duda hay margen para la flexibilidad» con los recursos islandeses, y la comisaria de Ampliación, Marta Kos, ha hablado de «soluciones creativas» y ha recordado que Islandia «ya es parte del Mercado Único» y «podría finalizar las negociaciones de adhesión en uno o dos años desde ahora», según Europa Press. Los partidarios del no responden que esa promesa ya se hizo y no se cumplió: Bruselas no concedió excepciones significativas en 2013, recuerda el profesor Egill Gautason, y la líder de la oposición, Gudrún Hafsteinsdóttir, del Partido de la Independencia, sostuvo en el debate televisivo del jueves 27 de agosto que la prosperidad islandesa nace precisamente de haber confiado en sus propias fuerzas, según El País.

Del otro lado, el argumento es monetario. Islandia ya forma parte del Espacio Económico Europeo —el acuerdo que da a Noruega, Islandia y Liechtenstein acceso al mercado único a cambio de adoptar buena parte de la legislación comunitaria, sin votarla— y el campo europeísta sostiene que eso es soberanía prestada. La corona islandesa, dice el Movimiento Europeo (Evrópuhreyfingin), es la moneda independiente más pequeña del mundo y arrastra al país a episodios recurrentes de inflación y tipos altos; el euro, argumentan, abarataría hipotecas y préstamos. Los sondeos de la última semana daban un resultado muy ajustado, con ventajas mínimas para una u otra opción según la encuesta —Europa Press situaba en ligera mayoría a los partidarios de negociar; El País recogía un sondeo de Gallup publicado el viernes 28 de agosto que anticipaba una victoria estrecha del no—.

Fuentes